sábado, 20 de abril de 2013

LAS CRUZADAS.


Al-Nāsir Salāh ad-Dīn Yūsuf ibn Ayyūb (en kurdo, Selaheddîn Eyûbîen, y en árabe, صلاح الدين يوسف الأيوبي, que quiere decir Yusuf, hijo de Ayyub), más conocido en occidente como Saladino, Saladín, Saladin o Saladine (1138, Tikrit (Irak) - 4 de marzo de 1193, Damasco),fue uno de los grandes gobernantes del mundo islámico, siendo Sultán de Egipto y Siria e incluyendo en sus dominios Palestina, Mesopotamia, Yemen, Hiyaz y Libia.
Con él comenzó la dinastía ayubí, que gobernaría Egipto y Siria en los años posteriores a su muerte.

Saladino.

Defensor del islam y particularmente de la ortodoxia religiosa representada por el sunismo, unificó política y religiosamente el Oriente Próximo, combatiendo y liderando la lucha contra los cristianos cruzados y acabando con doctrinas alejadas del culto oficial musulmán representado por el Califato Abasí.
Es particularmente conocido por haber vencido en la batalla de Hattin a los cruzados, ocupando de nuevo Jerusalén para los musulmanes y tomando Tierra Santa.
El impacto de este acontecimiento en Occidente provocó la Tercera Cruzada liderada por el famoso Ricardo I de Inglaterra que se convirtió en mítica tanto para occidentales como para musulmanes.
Su fama trascendió lo temporal y se convirtió en un símbolo de caballerosidad medieval, incluso para sus enemigos.
Sigue siendo una figura muy admirada en la cultura árabe, kurda y musulmana.
Sultán de Siria

Conquista de Damasco y el sur de Siria:
A comienzos de verano de 1174, Nur al-Din se hallaba aparentemente preparando un ataque a Egipto, habiendo enviado peticiones de tropas a Mosul, Diyarbakir, y al-Jazira.
La familia ayubí mantuvo un concilio sobre como afrontar esta posible amenaza y Saladino congregó a sus tropas a las afueras de El Cairo.
Sin embargo, el 15 de mayo moría Nur al-Din, dejando el poder a su hijo de once años as-Salih Ismail al-Malik.
Con ello Saladino obtenía de facto total independencia; en una carta al heredero prometía "actuar como una espada contra sus enemigos" y definía la muerte de su padre como "el shock tras un terremoto".
La muerte de Nur al-Din dejó ante Saladino una difícil decisión.
Podía atacar a los cruzados desde Egipto o esperar hasta ser invitado por as-Salih en Siria para atacar desde ahí.
Podía también ocupar Siria antes de que, como parecía, cayera en manos de un rival, pero temía la hipocresía moral de atacar las tierras del que había sido su señor, algo detestable por su moral islámica y que le invalidaba para encabezar la guerra contra los cruzados.
Para anexionarse Siria necesitaba una invitación de as-Salih o una excusa como el potencial peligro cruzado en un caso de desgobierno.



Cuando as-Salih fue llevado a Alepo en agosto, Gumushtigin, emir de la ciudad y capitán de Nur al-Din asumió la regencia.
El emir se preparó para desbancar a sus rivales, empezando con Damasco.
Ante estas perspectivas, el emir de la ciudad, acudió a Saif al-Din (primo de Gumushtigin) de Mosul en busca de apoyo, siendo rechazado y obligado a acudir a Saladino.
Saladino cruzó el desierto con 700 jinetes, pasando por Kerak y alcanzando Bosra, y siendo seguido por "emires, soldados, turcos, kurdos y beduinos en cuyo rostro se veían las emociones de sus corazones".
El 23 de noviembre llegó a Damasco entre vítores y descansó en la antigua casa de su padre en la ciudad, hasta que se le abrieron las puertas de la Ciudadela de Damasco, donde se estableció y recibió el homenaje de los ciudadanos.



Alepo y el norte de Siria:
Dejando a su hermano Tughtigin como gobernador de Damasco, Saladino avanzó al norte con ánimo de someter otras ciudades que antaño pertenecieron al imperio de Nur al-Din pero que tras su muerte habían devenido en casi independientes.
Tomó Hama sin muchos problemas, pero evitó la poderosa fortaleza de Homs.
Se movió luego hacia Alepo, que sitió el 30 de diciembre de 1174 después de que Gumushtigin se negara a abandonar el trono.
Pero as-Salih, que temía a Saladino, dejó el palacio y pidió a la población que no se rindiera.
¡Mirad a este hombre injusto e ingrato que quiere quitarme mi país sin consideración para Dios ni para los hombres! Soy huérfano y cuento con vosotros para defenderme en memoria de mi padre que tanto os amó."
as-Salih al-Malik.
Uno de los cronistas de Saladino dijo que "la gente cayó bajo su embrujo".
Gumushtigin pidió ayuda a Rashid ad-Din Sinan, gran maestro de los asesinos, secta que estaba enemistada con Saladino (se trata de una corriente fatimí, que había visto con gran enojo el fin del califato egipcio).
Estos planearon asesinar a Saladino en su campamento.
Un grupo de 13 asesinos entró fácilmente en el mismo, pero fueron detectados antes de haber cometido el crimen.
Uno cayó ante un general de Saladino y los otros fueron reducidos mientras trataban de huir.
Para complicarlo todo aún más, Raimundo III de Trípoli congregó a sus fuerzas en Nahr al-Kabir cerca del territorio musulmán.
Amagó un ataque contra Homs, pero se replegó después de oír que Saif al-Din enviaba refuerzos.
Mientras, los enemigos de Saladino en Siria y Mesopotamia llevaron a cabo una guerra de propaganda, basándose en la idea de que "había olvidado su condición de vasallo" y no mostraba gratitud por su antiguo señor sitiando a su hijo "en rebelión contra su señor".
Saladino intentó contrarrestar esta propaganda levantando el sitio y afirmando que estaba defendiendo el islam contra los cruzados.
Regresó con sus tropas a Hama a enfrentar un ejército cruzado, que se retiró permitiendo a Saladino proclamar "una victoria que abría las puertas de los corazones de los hombres".
Poco después lograba entrar en Homs y tomar su ciudadela (marzo de 1175) a pesar de una terca resistencia de los defensores.

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