lunes, 31 de marzo de 2014

EL INCIDENTE OVNI DE RENDLESHAM FOREST, INGLATERRA.

El bosque de Rendlesham, propiedad de la Comisión Forestal, es una zona de unas quince mil hectáreas situada en el condado de Suffolk,(Inglaterra) a unas dos horas en coche desde Londres en dirección nordeste y a poco más de 13 kilómetros de la ciudad Ipswich.
A finales de diciembre del año 1980 este lugar fue el mudo testigo de uno de los casos ovni más espectaculares de los últimos años, no tan sólo por el encuentro en sí sino por las consecuencias que se derivaron posteriormente del mismo, hasta el extremo que algunos investigadores lo han calificado de
“El Roswell británico”.


EL INCIDENTE DE RENDLESHAM FOREST. EL ROSWELL BRITANICO. by Jesús Delafrontera

En aquella época (finales de 1980) en Rendlesham se ubicaban dos bases militares de la fuerza aérea británica (RAF), actualmente abandonadas, una situada al norte del bosque, la Royal Air Force Bentwaters, y la otra al oeste, la Royal Air Force Woodbridge.
En diciembre de 1980, ambas estaban cedidas a la fuerza aérea norteamericana (USAF) en régimen de alquiler y se hallaban adscritas a la 81 Ala de Combate (Tactical Fighter Wing) bajo el mando del por entonces coronel Gordon E. Williams, actualmente retirado.
Las bases estaban bajo el mando del Coronel Theodore Conrad y su adjunto era el Teniente Coronel Charles I. Halt, que, como veremos, tuvo un papel destacado en esta historia.
Fue, precisamente, este último el que redactó el informe describiendo el incidente y su intervención en la segunda noche en que se produjeron los avistamientos y que fue enviado al Ministerio de Defensa británico.
Pese a que hubo una cierta controversia con relación a la fecha exacta del primer avistamiento, (inicialmente se fechó el 27 de diciembre) actualmente y tras un análisis de la documentación existente, se acepta que el incidente tuvo lugar entre el 26 y el 28 de diciembre de 1980.

Todo sucedió una fría y húmeda noche del 26 de diciembre de 1980.
Alrededor de las 3 de la madrugada una patrulla de la Policía de Seguridad militar, integrada por tres militares, Jim Penniston, John Burroughs y Larry Warren, estaban realizando una rutinaria misión de vigilancia en una zona situada a unos 1600 metros de la puerta este de la base de Woodbridge cuando informó de la existencia de una serie de luces extrañas que al principio creyeron que se trataba de un avión en dificultades.
John Burroughs notificó lo sucedido a superior inmediato en la base desde un puesto de guardia cercano.
Simultáneamente, llegó otra patrulla que verificó la presencia de las extrañas luces.
Siguiendo instrucciones de su superior Burroughs, junto con dos hombres más salieron de la zona de jurisdicción de la base, motivo por el cual tuvieron que dejar las armas, para intentar averiguar qué eran esas luces.
Cuando se adentraron en el bosque para investigar pudieron ver, asombrados, gran cantidad de luces moviéndose entre los árboles.
En ese momento, según declaran los testigos, recibieron una comunicación por radio pues al parecer desde el aeropuerto de Heathrow habían informado de la presencia de un tráfico no identificado sobre la base de Woodbridge y había desaparecido repentinamente.
Fue entonces cuando, de repente, en un claro del bosque pudieron ver asombrados una luz grande y brillante procedente de un objeto que no pudieron identificar.

Los militares quedaron estupefactos cuando frente a ellos apareció un objeto de aspecto metálico y forma cónica, de unos tres metros de largo y dos de alto.
Al parecer, el objeto iluminaba todo el bosque con una fuerte luz blanca.
El objeto tenía también una luz roja pulsante en su parte superior y varias luces de color azulado en la base.
Pese a que el objeto parecía estar suspendido en la niebla, observaron la presencia de lo que parecía ser una especie de tren de aterrizaje de forma triangular.
Cuando los militares intentaron acercarse al objeto, éste parecía rehuirles, alejándose de ellos, como si jugaran al gato y al ratón.
Durante más de dos horas los tres hombres persiguieron el extraño objeto que parecía jugar con ellos.
Estaba encima del suelo, sobre el horizonte, encima de los arboles… pero cuando intentaban acercarse, el objeto se apartaba.
Posteriormente, en declaraciones no recogidas en los informes oficiales, los testigos que intentaron acercarse al objeto declararon que sufrieron de aturdimiento y de una extraña sensación de alteración de la realidad.
Asimismo, Burroughs dijo que durante el incidente escuchó un ruido que identificó como “una mujer gritando” así como ruidos de animales.

También se llegó a afirmar que daba la sensación de que todo discurría más lento, con una extraña percepción de la realidad: del cielo, de las estrellas del mismo bosque… pero todo volvió a la realidad cuando el objeto desapareció.
También los vecinos de la zona declararon que los animales de una granja cercana mostraron un estado de gran excitación a la misma hora en sucedía este incidente.
Al parecer y según se conoció mucho después, en un momento determinado, Jim Penniston se habría podido acercar a la nave y tocarla y ésta le “transmitió” una especie de mensaje binario que él anotó en una libreta tal y como explicaremos más adelante.
Sin embargo nada de todo esto figura en el informe oficial redactado en su día.
Cinco horas después de producirse este extraño avistamiento, John Burroughs informó al teniente coronel Charles Halt que decidió formar un equipo de trabajo para investigar el incidente.
Los militares pudieron comprobar la existencia de tres pequeñas marcas en el suelo de forma triangular, como las que hubiera podido dejar el supuesto tren de aterrizaje que habían observado la madrugada anterior.

También pudieron comprobar que el suelo aparecía quemado y los árboles cercanos tenían sus ramas rotas.
A las 10:30 de aquella misma mañana Burroughs acompañó a un oficial de la policía local para revisar el terreno a plena luz del día.
La policía comprobó la existencia de las tres extrañas marcas en el suelo y descartó que éstas fueran obra de algún animal.
Asimismo, midieron la distancia entre ellas y comprobaron que ésta era exacta formando un perfecto triángulo equilátero.
Aquella noche, las extrañas luces volvieron a verse.
El comandante de la base, el teniente coronel Halt, ordenó colocar potentes reflectores orientados hacia el bosque.
A las 21.30 y de forma inexplicable los reflectores dejaron de funcionar sin causa aparente.
Deciden entonces poner en marcha un segundo juego de reflectores.
Mientras, Halt, dispuesto a verificar el origen de las extrañas luces, reúne a un equipo de hombres, entre los que había el fotógrafo de la base, el sargento Monroe Nevilles y el sargento primero Bobby Bal.
También les acompañaba el teniente de la policía local Bruce Englund.
Se llevan gafas infrarrojas para mejorar la visión de noche y contadores geiger puesto que querían verificar que no existía radiación en la zona.
No en vano, en Woodbridge se almacenaban armas nucleares, aparte de ser la sede del 67 Escuadrón de Recuperación y rescate Aeroespacial.

Halt y sus hombres y se dirigen al lugar en el que tuvo lugar el incidente.
Cuando llegan ahí, el segundo juego de reflectores deja de funcionar, los vehículos empiezan a fallar y la radio también se estropea.
Los militares se adentraron en el bosque hasta llegar al centro de las marcas dejadas por el objeto la noche anterior y verificar las ramas rotas y la hierba requemada justo en el lugar en el que se supone que la nave aterrizó.
Tomaron diversas lecturas con los contadores geiger y es entonces cuando se percatan de una luz brillante que parecía estar a unos 150 metros de donde se hallaban los militares, moviéndose de un lado a otro, zigzagueando, como si les hiciera algún tipo de señal.
La luz se acercó más y fue entonces cuando comprobaron que era un objeto de brillante color rojizo.
Lo pudieron observar durante dos o tres minutos.
De pronto, el objeto se alejó y los militares lo siguieron, adentrándose en la espesura del bosque.
Y fue entonces cuando vieron una casa frente a ellos.
Su interior brillaba intensamente, como si estuviera quemándose por dentro.

De nuevo apareció el objeto que se dividió en cinco objetos blancos y se desvanecieron.
Halt y sus hombres siguieron caminando en dirección este, hacia la costa.
No era mucha la distancia que les separaba de la base, quizás apenas 500 metros.
Al poco rato, al norte, a unos 30 grados del horizonte pudieron ver gres objetos en el cielo que empezaron a moverse rápidamente.
Los militares declararon posteriormente que su impresión es que aquellos objetos parecían buscar algo, como si siguiesen algún patrón de búsqueda.
Observaron un objeto en el cielo que se movía y que enviaba rayos de luz hacia el suelo.
Este avistamiento fue confirmado por diversos miembros de las fuerzas aéreas desde la base de Woodbridge que pudieron ver ese mismo objeto y los rayos o haces de luz que desprendía.
En el bosque Halt y sus hombres iban a ser testigos de un asombroso encuentro. Repentinamente, pudieron ver un brillante objeto que se dirigió a gran velocidad hacia ellos.
Proyectaba un potente haz de luz brillante y completamente redonda.

Uno de esos rayos de luz cayó muy cerca de donde estaba el teniente coronel Halt.
Y de pronto, la luz desapareció.
De todos estos extraños acontecimientos Charles I. Halt redactó un informe que dirigió a sus superiores y las autoridades británicas.
Los primeros nunca reconocieron el incidente y las autoridades británicas, simplemente guardaron silencio.
Llegados a este punto, conviene destacar un hecho que viene a confirmar el extraño escenario que se dio en esta zona de Inglaterra a finales de diciembre de 1980.
En la medianoche del 27 de diciembre de 1980 un extraño objeto de origen desconocido apareció en las pantallas del radar de la base aérea de Watton en Norfolk.
Los controladores pudieron hacer el seguimiento del objeto que desapareció en las inmediaciones del bosque de Rendlesham.
El objeto también fue registrado por los radares de la base de BentwatersMal Scurrah, operador de radar de servicio aquella noche declaró:

Cita:

"No teníamos ni la más remota idea de qué era aquello. Revisamos entre las agencias de tráfico aéreo. No había nada aquella noche en esa zona y en ese momento. Lo único que podíamos hacer era enviar un caza para averiguar qué era. Se dirigieron al lugar, a un cuarto de milla y el piloto repentinamente empezó a informar que podía ver una luz muy brillante en el cielo, delante suyo. Estaba estacionaria en la pantalla y entonces, en cuestión de segundos, comenzó a moverse a una velocidad fabulosa. En el transcurso de cinco minutos estaba sobrepasando los 90.000 y se perdió por encima del rango del radar. No existe nada hoy en día que pueda realizar este tipo de maniobras. Los pilotos no pudieron seguirlo."


En 1983 una revista de OVNIS publicó un breve artículo sobre el incidente de Rendlesham Forest que pasó desapercibido para la comunidad ufológica.
Sin embargo, Robert Todd de Ciudadanos contra el Secreto OVNI (CAUS) consiguió una copia del informe oficial de los hechos invocando el Acta de Libertad de Información de 1983.
Dichos documento, fechado el 13-1-1981 era el informe que el teniente coronel Halt había enviado al Ministerio de Defensa británico.


EL MENSAJE RECIBIDO:

Sin embargo y pese a lo aparatoso de este incidente y a la cantidad de testigos involucrados, lo realmente espectacular del suceso se conoció posteriormente.
Cuando aquella fría noche de diciembre, Penniston tocó aquella extraña nave recibió como una especie de descarga de información, una vívida imagen mental en forma de ceros y unos, que al principio no entendió en absoluto, que creyó que se trataba de una serie de números aleatorios y que acabó anotando en una libreta y guardó en secreto durante 30 años.


Pero, a diferencia de otros muchos casos conocidos de supuesto contacto telepático con entes extraterrestres, no se trataba de ningún mensaje mesiánico como nos tienen acostumbrados muchos de los contactados al uso.
En absoluto, Penniston recibió una larga secuencia de ceros y unos, una especie de código binario que torturaron su mente hasta que, finalmente, los anotó todos en una libreta que, como decíamos, guardó en secreto durante 30 años.
Pese a su silencio y según declaró el mismo, tuvo con frecuencia sueños recurrentes en el que revivía su experiencia en el bosque y el supuesto mensaje binario, sin que llegara a                                                                                               entender su contenido.

Nunca intentó descifrarlo hasta que en octubre de 2010 el ya sargento retirado Jim Penniston explicó, en el marco de una conferencia y ante una sorprendida audiencia de casi 300 personas su experiencia en el bosque de Rendlesham de aquella madrugada de diciembre de 1980, revelando aquel terrible secreto que hasta entonces había mantenido oculto y dando una información nunca antes publicada.
Finalmente le entregó las seis páginas de anotaciones escritas a mano a un programador, Nick Ciske, para que éste intentara descifrarlo.


Tras introducir el mensaje en su ordenador, apareció el siguiente mensaje:


EXPLORATION [of] HUMANITY
52º 09’ 42.532” N
13º 13’ 12.69” W
CONTI [NUOUS] FOR PLANETARY ADVAN [CE]

"Exploración de la Humanidad Continúa para avance planetario"


Tas su estudio se vio que lo más sorprendente del
mensaje es que las coordenadas geográficas correspondían al enclave de una misteriosa isla sumergida en el Atlántico, al suroeste de Irlanda, que es conocida en las leyendas celtas como Hy Brasil.
Según la leyenda, esta isla albergaba una civilización antigua cuyo origen se perdía en la noche de los tiempos, los Lumanios, adelantada miles de años a su tiempo y que jamás se relacionó con el resto de los pueblos de Europa a los que consideraba unos bárbaros.


En el mensaje también aparecen unas coordenadas que corresponden a una antigua isla, hoy ya sumergida, la isla se llama HY Brazil, la cual según antiguas leyendas celtas, era el hogar de una civilización miles de años adelantada a su tiempo.


Buscando en google maps las coordenadas indicadas en el mensaje, me encuentro con esta ubicación:



Muchas veces en el lecho marino poco profundo pueden verse restos o elevaciones que nos podrían hacer pensar en que una antigua isla estuvo allí presente muchos siglos atrás; sin embargo en este caso no se puede encontrar indicios de ello.

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