lunes, 26 de enero de 2015

POBLADO - CASTILLO FENICIO DOÑA BLANCA, YACIMIENTO ARQUEOLÓGICO.

El Yacimiento del Castillo de Doña Blanca presenta una importancia singular en el panorama de la investigación protohistórica no sólo peninsular sino mediterránea.
Junto a su espectacular grado de conservación, el yacimiento guarda para la investigación las claves para la correcta interpretación de la problemática de la presencia fenicia en la Bahía de Cádiz, su interrelación con los pueblos indígenas y los aspectos cronológicos relacionados con ésta.
En Doña Blanca se han localizado los restos más extensos y mejor conservados del urbanismo fenicio arcaico de todo el Mediterráneo central y occidental.
Se disputa, junto con Cádiz y el cerro del Castillo (Chiclana) ser la ciudad fenicia más antigua que se ha encontrado hasta el momento en la península ibérica.
El yacimiento se localiza en el castillo de Doña Blanca, que toma ese nombre porque, según la tradición, en esta fortaleza (siglo XIV ó XV) padeció cautiverio doña Blanca de Borbón (esposa de Pedro I de Castilla).
El yacimiento fenicio del castillo de Doña Blanca, que alcanza las seis hectáreas de extensión, se sitúa a los pies de la pequeña sierra de San Cristóbal, en la localidad de El Puerto de Santa María.
Se extiende ante una extensa llanura de marisma y salinar, en gran parte colmatada por los aluviones del río Guadalete.
El acceso a la zona arqueológica se efectúa por la Carretera Local 201 de El Puerto de Santa María a Jerez de la Frontera por El Portal, por la que se continúa en dirección a esta última localidad hasta el punto kilométrico 3,300, lugar donde se inicia la zona arqueológica.
Teorias Karra os trae este documental, mostrando así, las imágenes de todo el recorrido del yacimiento, único en todo internet.


Poblado Fenicio de Doña Blanca. by Jesús Delafrontera

Recorrido del yacimiento.
Situación:

El Castillo de Doña Blanca se encuentra flanqueado por el norte por la Sierra de San Cristóbal y por el sur por una amplia y extensa llanura de marismas y salinas formada por depósitos aluviales del Guadalete.
Esta llanura formó parte de la Bahía de Cádiz, por lo que el mar llegaba hasta la base del cerro en el que se situó el primer asentamiento.
El yacimiento tiene forma de colina amesetada de planta casi rectangular, mide 6’5 hectáreas de extensión y se eleva 31 m. sobre el nivel del mar.
Su relieve es totalmente artificial y se ha formado por la superposición de depósitos y construcciones que se han ido acumulando a lo largo del tiempo alcanzando en algunos puntos hasta 9 m. de estratos arqueológicos.





La Secuencia Cronológica:
Los restos más antiguos encontrados en el yacimiento pertenecen a una fase tardía de la Edad de Cobre, a finales del III milenio a.C.
De esta fase se han excavado algunos fondos de cabaña dispersas por la base del yacimiento que se adaptan a la topografía original del terreno.
Posteriormente se produce una fase de abandono – en la que el yacimiento permanece deshabitado - que se prolonga hasta mediados del S. VIII a.C., momento en que vuelve a ser ocupado.
Desde el siglo VIII a.C. el yacimiento permanece poblado de manera continua hasta la llegada de los romanos a la Península Ibérica, con motivo de la segunda Guerra Púnica, a fines del S. III a.C.
Durante estos cinco siglos de ocupación ininterrumpida, la ciudad sufre varias remodelaciones urbanísticas y la construcción de otras dos murallas.
El yacimiento vuelve a quedar abandonado hasta Época Medieval Islámica, momentos en los que se estableció una alquería almohade.
Más tarde, en el siglo XVI se erigió una ermita, (no se sabe con exactitud la función de dicho edificio) de planta de cruz griega, que es la torre aún conservada y que se denomina popularmente como Torre o Castillo de Doña Blanca, ya que la tradición popular la identifica como el lugar en el que sufrió prisión Doña Blanca de Borbón, esposa de Pedro I.

Urbanismo:
Los restos constructivos pertenecientes al siglo VIII a.C. se localizan generalmente cubiertos por una potente capa de sedimentos acumulados de épocas ulteriores, por lo que normalmente se hace necesario excavar entre 7 y 9 m. de profundidad para hallarlos.
No obstante, se ha descubierto una amplia zona, extramuros de la ciudad arcaica, en la que no ha habido construcciones posteriores superpuestas, lo que ha permitido la excavación en extensión de un amplio sector de viviendas pertenecientes a estos momentos.
Las viviendas se disponen en terrazas artificiales, construidas aprovechando la pendiente natural del terreno.
Se componen de 3 ó 4 habitaciones de forma cuadrangular construidas con paredes de zócalo de mampostería y alzado de adobes, revocadas de arcilla roja apisonada y la techumbre plana o un agua, formada por vigas de madera y cubierta vegetal.
La mayoría de las viviendas contaban con un horno de pan consistente en una estructura de arcilla abovedada de aproximadamente 1 m. de diámetro de base.
Estas características constructivas se mantienen vigentes en las fases posteriores de ocupación del yacimiento hasta su abandono en el siglo III a.C.
Las excavaciones han permitido documentar otros aspectos urbanísticos e industriales sobre todo en lo referente a la ciudad de los siglos IV / III a.C., como es la existencia de amplias calles – de hasta cuatro metros de anchura - y espacios abiertos o plazas, o la presencia en una de las estancias de unas piletas en las que se recogía el mosto procedente de otras dos piletas situadas a un nivel superior en las que se realizaba el pisado de la uva.

Sistema defensivo:
Desde el siglo VIII a.C. la ciudad estuvo provista de una potente muralla de la que hoy conocemos una pequeña parte.
Se alza directamente desde el terreno natural y está construida con mampuestos irregulares trabados con arcilla roja; en las zonas excavadas se conserva una altura de 3 m. justo delante de la muralla se construyó un foso, de sección en V, de 20 m. de anchura y 4 m. de profundidad.
Esta muralla estuvo en uso hasta el siglo VI a.C. En el siglo V a.C. se dotó a la ciudad de una nueva muralla que sólo en parte reaprovechaba la anterior.
Finalmente en los siglos IV / III a.C. se construyó el último y más reciente recinto                                                                                                 fortificado.

De los distintos elementos que constituyen la zona arqueológica, destacan los siguientes:

Poblado de la Dehesa:
Excavado sólo parcialmente, se trata de un asentamiento de la Edad del Cobre que, en un momento avanzado de su existencia, se extendió por el área que posteriormente ocuparía el poblado del castillo de Doña Blanca.
De este momento inicial de habitación del lugar se han encontrado algunas estructuras de las denominadas "fondos de cabaña" de planta circular, con zócalos de mampostería y paredes de tapial, asociados a industrias líticas y cerámicas semejantes a las características de este período cultural en el Bajo Guadalquivir y Huelva.

Canteras:
Aunque se poseen indicios del comienzo de su explotación durante la Edad del Cobre, la eclosión del uso de la piedra a gran escala será posterior, con la fundación a principios del siglo VIII a.C. del poblado del castillo de Doña Blanca.
Momento en que se construye la muralla con líneas exteriores sillarejos perfectamente escuadrados e interiormente rellena de un conglomerado compuesto de mampuestos y arcillas rojas.
Sobre esta muralla se levantó otra en época helenística, esto es, durante los siglos IV y III a.C., cuya calidad indica la extraordinaria especialización alcanzada en los trabajos de cantería alcanzada durante el I milenio a.C.
Durante la Antigüedad y el Medievo, la explotación decayó.
No será hasta el siglo XVIII cuando se vuelvan a explorar sistemáticamente las canteras bajo propiedad y control municipal, que arrendaba esas explotaciones a los vecinos de El Puerto de Santa María.

Este incremento progresivo de la explotación de las canteras, sobre todo en la zona de piedra dura, motivó que las galerías alcanzasen grandes dimensiones, necesitando de tragaluces para ventilación.
Las areniscas calcáreas que conforman la sierra poseen distintos grados de dureza, creándose espacios en forma de cuevas, nombre con el que tradicionalmente han sido conocidas.
Algunas ofrecen pequeñas dimensiones, ya que generalmente son intentos fallidos de topar con vetas más rentables; otras, en cambio, alcanzan longitudes de 300 ó 400 m, presentando amplias galerías con 20 m de altura, que dan paso a laberintos de estancias asimétricas, en ocasiones abiertas a cubículos excavados a mayor altura que pueden ser accesibles mediante escaleras talladas.
Las explotaciones a cielo abierto, ya en los siglos XIX y XX, supusieron la introducción del barreno, con el consiguiente deterioro del medio rural, que ha supuesto la desaparición de, al menos, un 40% de la Sierra de San Cristóbal, y la aparición de extensas excavaciones con cotas de hasta 50 m de profundidad.

Poblado de la Sierra de San Cristóbal:
Se trata de un poblado del siglo IV a.C., como consecuencia de la expansión del asentamiento del castillo de Doña Blanca fuera de sus murallas.
Este poblado presenta un urbanismo desarrollado, con calles y casas repartidas en lotes rectangulares, así como una serie de instalaciones de carácter industrial.
Este sector se encuentra en proceso de excavación.

Poblado del castillo de Doña Blanca:
Es un montículo artificial de forma aproximadamente rectangular, de unos 300 x 200 m de superficie y aproximadamente 7 u 8 m de niveles arqueológicos de relleno.
Ello supone una ocupación continuada desde la primera mitad del siglo VIII hasta mediados del siglo III a.C.
En la primera mitad del siglo VIII a.C. se produce la ocupación de las laderas más cercanas al agua y, posteriormente, se extendió por todo el espacio que en la actualidad ocupa el yacimiento.
Han sido excavadas varias habitaciones del siglo VIII a.C. correspondientes a un barrio fenicio situado a extramuros y cercano a la zona portuaria.
Las unidades de habitación son de planta rectangular o cuadrada y están dispuestas en terrazas aprovechando los desniveles de una pequeña elevación natural.

El poblado se rodeó, desde sus inicios, de una muralla localizada en varios puntos.
En ocasiones se ha conservado de la misma tramos de casi 3 m de altura y 1,50 de anchura, asentada sobre un zócalo de piedra de 2 m de ancho y 1 m de altura.
En otros tramos se han encontrado casamatas adosadas a la cinta muraria, evidenciando una influencia de raíz claramente oriental.
La vida del poblado fue muy activa durante el siglo VII a.C., momento en el que se han documentado tres fases constructivas en la superficie excavada.
Esta clara impronta fenicia dará lugar a un desarrollo turdetano en torno al siglo V a.C., con una nueva estructura urbana rodeada de un sistema defensivo diferente del anterior.
El poblado se abandona finalmente terminando el siglo III a.C., en época bárquida, trasladándose la población al actual Puerto de Santa María.
Posteriormente, el lugar quedó como un despoblado que no conoció más habitación que un esporádico asentamiento durante los siglos XII o XIII d.C., cuando se construyó la torre o popularmente "castillo" que da nombre al yacimiento.

Necrópolis de Las Cumbres:
Se extiende por la falda meridional de la Sierra de San Cristóbal, donde los enterramientos se disponen agrupados, sobre elevaciones naturales o montículos, jalonados acaso por arroyo y riachuelos.
Hasta ahora se han localizado tres tipos básicos de enterramientos:

- Túmulos de gran tamaño que contienen incineraciones en foso rodeando un ustrinum central.
Son los más antiguos datados hasta la fecha.

- Túmulos que cubren cámaras de mampostería, probablemente circulares.
Muchas de ellas fueron expoliadas durante el siglo pasado; las que se han podido analizar poseen una cámara central construida con mampuestos, con paredes revocadas y enlucidas.
En ocasiones se han encontrado dos de estas cámaras, unidas mediante un pasillo, bajo el mismo túmulo.
Se fechan entre los siglos VII y V a.C.

- Hipogeos excavados en la roca natural, cuya estructura se recubre de un túmulo artificial de tierra y piedras.
De entre los excavados, el mejor conocido es el denominado "del sol y la luna".
Este enterramiento está situado en la parte baja de una prominencia rocosa de poca altura.
La entrada se realiza mediante un pozo cuadrangular, de aproximadamente 1,80 m de profundidad, al que se accede por sendos escalones en las esquinas.
Al final del mismo se abre una habitación de planta circular y de techumbre aplanada.
La puerta de entrada a la tumba se sitúa en el centro de la fachada, es de forma rectangular y se abomba en la zona central de las jambas, asentándose sobre un umbral.
La cámara es circular, de 3 m de diámetro y de 1,65 a 1,70 m de altura, con paredes curvadas y techo aplanado apoyado sobre un pilar robusto de sección cuadrangular.
En el extremo opuesto a la puerta se abre un nicho de planta rectangular, donde se depositaban las cenizas.

OS DEJO ALGUNAS FOTOS DEL YACIMIENTO:















Si queréis ver las cuevas canteras donde se extrajeron las piedras para la construcción de los edificios y muros que durante milenios se han estado llevando a cabo y así, llegar a crear un mundo intraterrenal de kilómetros, creada por el hombre, que es una belleza contemplarlas y que muy pocos, saben, su ubicación y que solo Teorias Karra, tiene las únicas imágenes de aquel lugar en una expedición a la que participó.

DEJO EL LINK:

EXPEDICIÓN A LAS CUEVAS-CANTERAS EN LA SIERRA SAN CRISTOBAL.

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